martes 19 de abril de 2011

El elefante

La piel rugosa de la tierra acaricia a la tierra
su trompa sigue tocando su trompa
carga los huesos de nadie y sin llorar
lo llora

En la árida llanura de terrones sedientos
el silencio inunda a la manada
los majestuosos se contienen
no muestran debilidad ante las pérdidas
permanecen inmóviles
permanecen
y en su interior retumba
el repiquetear de un espejo

Él sigue tocando la trompa
sigue cargando el hueso
sigue
hasta que termina

El elefante almacena sus lágrimas
bolas de cristal que redicen el futuro
que un día, acostado en tierra,
el vientre partido y la carne fétida,
anónimas se evaporarán a la atmósfera.