jueves 22 de septiembre de 2011

Apéndice

En la playa el ritmo incesante de las olas inundan la arena de vitalidad y acto seguido se alejan dejándola más cerca de la aridez. Hay quien hace muros para que el agua no pase y así dejar la porción de playa resguardada en su sequedad. Estos muros tienden a caer, pero a veces los alimenta para que persistan a pesar de la naturaleza violenta y uniforme del oleaje. Hay quien pasa los días y las noches haciéndolo, incluso renunciando a su sueño. Hay quien después de un rato decide construir uno o varios castillos. Hay quien crea un mundo. Uno lo sabe.